"- Frank no era un lógico profesional -dijo Seldom-: en realidad, nunca fue un matemático de papers y congresos. Apenas se graduó aceptó un puesto en una gran consultora de empleos. Su trabajo era preparar y evaluar los test para los postulantes a distintas ocupaciones. Lo destinaron a la sección de manipulación simbólica y tests de inteligencia. Unos años después le encargaron también las primeras evaluaciones de nivelación en los colegios secundarios de Inglaterra. Se ocupó toda su vida de preparar series lógicas, del tipo más elemental, como la que le mostré yo: dados tres símbolos en secuencia, escribir a continuación el cuarto. O bien, con números: dados los números 2, 4, 8, escribir el siguiente. Frank era meticuloso, obsesivo. Le gustaba revisar las montañas de exámenes uno por uno. Empezó a darse cuenta de un fenómeno realmente curioso. Estaban, por supuesto, los exámenes perfectos, que sólo permitían decir, como escribió después Frank con maravillosa cautela, que la inteligencia del candidato coincidia perfectamente con las expectativas del examinador. Estaban también, y eran la abrumadora mayoría, lo que Frank llamaba la campana normal: exámenes con algunos errores que caían dentro del tipo de equivocaciones esperables. Pero había un tercer grupo, siempre el más reducido, que a Frank le llamaba sobre todo la atención. Eran exámenes casi perfectos, exámenes en los que todas las respuestas eran las esperadas salvo una. Pero la diferencia con el caso normal es que el error en esa única respuesta distinta parecía a primera vista un despropósito absoluto, una continuación elegida a ciegas, o al azar, estaba realmente lejos del espectro habitual de equivocaciones. A Frank se le ocurrió por simple curiosidad pedir a los postulantes en esa pequeña franja que justificaran sus respuestas y fue entonces que se encontró con la primera sorpresa. Las contestaciones que él había considerado incorrectas eran en realidad otra solución posible y perfectamente válida para continuar la serie, sólo que con una justificación muchísimo más complicada. Lo más curioso es que la inteligencia de estos postulantes había pasado por alto la solución elemental que proponía Frank y, como en un trampolín, había saltado en algún momento mucho más lejos. La imagen del trampolín también es de Frank. Los tres símbolos o números escritos en el papel correspondían para él a la carrera del clavadista sobre la tabla; desde ese punto de vista, la analogía parecía darle una primera explicación: para una inteligencia que salta hacia delante con mucho ímpetu es más natural la solución lejana que la que está inmediatamente debajo de sus pies. Pero esto cuestionaba en su misma base los presupuestos de trabajo de casi toda su vida. Frank estaba de pronto desconcertado. La solución a sus series no era de ningún modo única; respuestas que había considerado hasta entonces equivocadas podían ser soluciones alternativas y también, en algún sentido, "naturales". Y no veía ni siquiera que hubiera un modo de discernir entre lo que podía ser una respuesta al azar o la continuación que hubiera elegido una inteligencia excepcional, demasiado atlética. Fue en este punto que vino a verme y tuve que darle las malas noticias.
-La paradoja de Wittgenstein sobre las reglas finitas -dije yo.
-Exactamente. Frank había redescubierto en la práctica, en un experimento real, lo que Wittgenstein ya había demostrado teóricamente hace décadas: la imposibilidad de establecer una regla unívoca y ordenamientos "naturales". La serie 2, 4, 8, puede ser continuada con el número 16, pero también con el 10, o con el 2007: siempre puede encontrarse una justificación, una regla, que permita añadir cualquier número como el cuarto caso. Cualquier número, cualquier continuación"
(Los crímenes de Oxford; Guillermo Martinez)
Impresionante paradoja. No importa el problema, toda solución es válida, siempre que conozcamos la lógica aplicada en su resolución. Ahora bien, si estos saltos de trampolín, estas nuevas soluciones a viejos problemas son dadas por mentes excepcionales, ¿tendremos el nivel necesario para entenderlas?. Y si no es así, ¿cómo clasificaremos estas personas? ¿Locos, iluminados, visionarios? ¿Cuántos genios se han perdido por no ser capaces de seguir sus planteamientos revolucionarios?
19 marzo 2008
Toda solución es válida
Publicadas por
Dekra
a la/s
20:30:00
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1 comentario:
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