18 enero 2009

Erase una vez...

... en un reino muy, muy lejano, en el que vivía un Principe, de nombre Genla. El Principe recibía cada día en su salón a todo aquel que quería pedirle algúna cosa: ganaderos que pedían nuevos cercados para sus animales, orfebres que querían una feria para mostrar sus creaciones, campesinos que deseaban más canales para regar sus campos, artistas que ofrecian sus dotes para las fiestas que se celebraban en palacio, ... alquimistas, músicos, bailarines, toneleros, maestros armeros, herreros. Todos acudían a ver al Príncipe, que a todos ellos intentaba contentar en sus peticiones. Y siempre con una sonrisa en los labios.

Sin embargo, un día el Príncipe escucho una conversación mientras paseaba por sus jardines: ese día un carcinero se había presentado al Príncipe, solicitandole que su carnicería obtubiese más beneficios, ya que había de casar a su hija y necesitaba dinero. Como siempre hacía, el Principe le escucho atentamente, y lamentó de corazón no poder hacer nada al respecto, ya que no estaba en sus manos lo que el carnicero le pedía. Pues bien, lo que el Príncipe Genla escuchó esa tarde en los jardínes fue al carnicero y otros de sus subditos quejándose del mal hacer del Príncipe, que no había atendido a sus demandas. En ese momento el Príncipe se dió cuenta que, por mucho que hiciese, nunca sería suficiente para alguien tan egoísta.

Desde ese día, el Principe Genla siguió atendiendo sus obligaciones, pero algo había cambiado en su actitud.

Tiempo después, mientras bajaba una escalinata de palacio, el Príncipe tropezó y, sin que ninguno de sus asistentes pudiese hacer nada para impedirlo, cayó al suelo. Cual fue la sorpresa de todos al ver que el Príncipe Genla, al golpear contra una de las columnas, se rompía en mil pedazos.

De pronto todos comprendieron. Desde que el Príncipe se dió cuenta del egoísmo que le rodeaba, había perdido su alegría, y poco a poco había ido secándose por dentro, hasta quedar hueco.


Celtas Cortos: Cuéntame un cuento.mp3

No hay comentarios.: