Envio cartas sin remite ni remitente, que nunca llegan, que nunca vuelven. Susurro oraciones a dioses lejanos, olvidados, que nunca escuchan. Respiro al cielo señales de humo, que se pierden en la contaminación de esta ciudad. Sueño pesadillas que no me dejan soñar. Transpiro deseos que nacen muertos, agotados, desgarrados antes de ser concebidos. Convivo con gente tan pobre que sólo tiene dinero. Camino por calles vacias, llenas de desconocidos. Nado en costas de mares desaparecidos, y me sumerjo en mis recuerdos, donde el mundo no es mejor, pero es un poco más bello.
16 septiembre 2008
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