Hace unos días, hablando con un compañero del equipo de futbol, dijo algo que me ha hecho reflexionar. Hablabamos del Tiempo, de como se pasan días, semanas, meses, años, y de pronto dijo: "lo malo no es lo rápido que se va, lo malo es que no vuelve". Aquello quedó allí, nos fuimos a la pista y ya no hablamos más, pero la frase se quedó a vivir en mi cabeza. Me pregunto donde van todos esos pensamientos, sentimientos, sensaciones, que algún día fueron lo más importante de nuestras vidas y que hoy a duras penas recordamos. Gentes, momentos, palabras, caricias, miradas, gestos, conversaciones que en su día nos marcaron y creímos inolvidables y que ahora ya no existen. ¿0 sí existen? ¿Existen las cosas que no se recuerdan? ¿Y si es así, porque nos hemos empeñado durante toda nuestra historia en dejar constancia gráfica de los momentos importantes?¿Son importantes en sí mismos o es la posibilidad de recordarlos mediante una foto o una pintura lo que los hace importantes? ¿Los momentos que recogen nuestras fotos son los más importantes, o se convierten en los más importantes porque los podemos recordar gracias a esas mismas fotos?
Sabemos que el Tiempo no es más que otra dimensión, pero es una dimensión muy especial. Nos podemos mover a través de las tres dimensiones del espacio o no hacerlo (cuando nos estamos quietos no nos movemos en ninguna dimensión espacial). Sin embargo, siempre nos estamos moviendo a lo largo de la dimensión Tiempo, no podemos detener nuestro movimiento en ella ni por un instante. Pero no sólo eso. Lo peor, como dijo mi compañero, es que sólo nos podemos mover por ella en un sentido: hacia delante, siempre hacia delante. Por ello, lo malo del Tiempo es que no vuelve. O mejor dicho, no sabemos hacer que vuelva, no sabemos movernos por él como si lo hacemos por las dimensiones espaciales, y por ello nunca podemos volver atrás en el Tiempo, no podemos revivir los momentos que nos emocionaron, que nos hicieron felices o que nos angustiaron. No podemos enmendar errores cometidos, ni podemos volver a estar con aquellos que algún día se marcharon. No podemos cambiar lo hecho o lo dicho, ni rectificar nuestras reacciones. Quizás algún día podamos, y ya no necesitemos fotografías ni recuerdos para revisitar tiempos pasados. Quizás algún día podamos y dejemos de vivir tan intensamente como ahora, pero, hoy por hoy, se va y no vuelve.
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