13 octubre 2007

Sin libertad, nada queda

En Birmania cerca del 90% de la población vive en el umbral de la pobreza, pese a no ser un país pobre. Evidentemente, el 10% restante no quiere que cambien las cosas. Todo va bien como está. Es por ello que cuando los monjes budistas han empezado a quejarse de la situación del pueblo, la represión ha sido brutal. A lo largo de nuestra historia, cualquier Iglesia, toda religión, ha sido utilizada por los gobernantes como medio de control de la población. Cuando no puede ser usada, debe ser eliminada. Las cosas en Birmania pintan mal. El Ejército ha tomado las calles, se ha restringido la entrada y salida de extranjeros del país, todas las noticias son censuradas, se ha restringido el acceso a internet y las libertades públicas, si alguna vez existieron, son ahora una quimera. Aún así, la gente sigue jugándose la vida luchando por lo que les parece justo. Quizá porque llega un momento que nada tienes que perder.

Loquillo y los Trogloditas: Los ojos vendados.mp3

1 comentario:

La Menina de la Reina dijo...

quienes ostentan el poder padecen de varios pecados capitales: entre ellos la codicia y la avaricia. Les da miedo tener que compartir. Y da pena que en estos tiempos sigan existiendo mentalidades tan feudales.

Un saludo