24 septiembre 2007

Miedos

Cuando era pequeño, mis padres no me dejaban ver las películas de "dos rombos". Yo no entendía por que, así que una noche me levanté en silencio y, como un pequeño James Bond, me puse a espiar a través de la puerta entreabierta. Lo que ví me dejó clavado al suelo. Estaba aterrorizado, pero no podía apartar la vista de la tele. Cuando pude reaccionar volví a la cama y metí la cabeza bajo las sábanas. No dejaba de mirar la pared, esperando no ver aparecer allí ninguna sombra. Al final, el sueño venció. Al despertar, ya de día, estaba muy orgulloso de mi valentía y de haber existido durante un buen rato. Pero aún hoy, por las noches, miro de reojo las paredes deseando no ver deslizarse por ellas ninguna sombra.

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