Praha, al fin.
Paseo cuatrocientos años por el puente del arco iris y llego a Praha. Torres, iglesias, plazas, relojes, puentes, castillos y sinagogas que gotean historia. Los tranvias me invitan a pasear por calles de pasado comunista y las cervecerias me devuelven el sabor a actualidad. Praha, renacentista, gótica, modernista, art decó, barroca, llena de gente multicolor como cualquier urbe moderna, pero distinta en sus estatuas, en sus casas con símbolos, en sus plazas. Me siento en ellas, disfruto del ambiente a mi alrededor, de la compañía. Pasa una nube, se tapa el cielo, cruzo el puente a la carrera. Adiós Praha.
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